Glamour, no te creas

Andar en mocasines de gamuza, en frías tardes invernales, no sólo es cómodo sino que atrae historias. Alguna vez pensé que era el saco gris el que atraía las historias, pero creo que le ganan los mocasines de gamuza. Si algo me atrae de ciertas mujeres, es su desprolijidad, en el cabello, en la forma de vestir, en ese no sé qué… y así apareció ella, con su pelo azabache y su cartera verde de papel, saliendo de una galería entre madres que empujaban a sus chicos al cine y la música ambiental que contagiaba una voz de mujer con swing acompañada de un piano y un saxo alto: y me ahogo en el rumor de la gente, cantaba. Y así como apareció cruzándose en mi camino tropezó rápidamente con una amiga a la que saludó efusivamente como si no la viera desde hacía muchos años. Me colé en silencio en su conversación unos metros después, cuando ya la introducción estaba dicha: ya no puedo más con esta chica, decía la amiga quejándose de su hija tal vez, porque el problema es que las adolescentes de hoy se creen el glamour que ven en las películas norteamericanas, que ven en las publicidades de la tele, algo que no ocurría con nosotras que vivíamos una vida más real y nos burlábamos de esas cosas porque sabíamos que no podían ser y que no queríamos que fueran. No es mala chica, porque hasta ahora no me hizo nada que me lastime de verdad, pero quedarse en casa con sus amigas y con sus novios un día de semana, pedir un delivery con pizzas a las dos de la madrugada y reírse a carcajadas limpias con una película de Adam Sandler, que tiene menos gracia que mi suegra dándome un regalo de cumpleaños, no, no, esas cosas las hacen porque las ven en las publicidades de cerveza y si los llego a echar a patadas en el tujes, es capaz de irse a vivir sola, lo que sería una complicación porque seguro vendría a casa dos veces por semana con el paquete de ropa para que se la lave y la independencia no es eso. No, linda, nosotras no éramos así. A ella, a cartera verde de papel le sonó su celular, pidió disculpas a su amiga y atendió, dijo sí, amor, dio unas coordenadas y cuando llegamos a la esquina, se besaron y la amiga dijo, dale llamame así el domingo nos juntamos a celebrar el día del amigo. Cartera verde de papel cruzó la calle, hasta llegar junto al parquímetro, donde la esperaba su hombre con una bicicleta doble caño sobre el cual le hizo un lugar después de besarla durante varios segundos. Fueron desapareciendo entre coches que se desafiaban entre sí. La amiga extrajo de su cartera una tarjeta sin contacto y se fue hacia una parada de colectivo. Yo miré hacia el cielo y continué mi camino cantando mentalmente: raindrops keep falling on my head.

raúl busca historias

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