Trozos de vida interior

A mi querido Viernes (el día más esperanzador)

Querido Viernes, hay fechas que son emblemáticas, porque la gente hace que así sea. Hay héroes que llegan a lo más alto, porque la gente los lleva hasta la cima. ¿Por qué esperar un milagro de todo, si, tal vez, ya vivir es un milagro? Y de sobrevivir ni hablemos, si cada uno de nosotros se convierte en un héroe anónimo, de esos que no llegan tan alto, pero resisten eternamente. Todo lo que sube, cae, indefectiblemente, aunque esa caída signifique instalarse a un par de metros bajo la tierra. Dejemos que los sueños suban a lo más alto, si resistimos para no despertar de ese sueño. Y sigamos subiendo, que esa es la meta.

Querido Viernes, ¿qué es un novelista? ¿alguien que se encuentra en sus sueños con sus personajes, o alguien que transforma sus sueños en páginas llenas de palabras que al recorrerse reviven imágenes íntimas, entrañables, imposibles? Sí, es una posibilidad, que historias imposibles en esta dimensión sucedan entre sueños, en libertad, en gloriosa libertad y sin tiempos que recorten los deseos.

Querido Viernes, qué semanita te mandaste, agridulce, sin respiro, una tristeza, una alegría, una tristeza, una alegría, esa conjunción del dolor y la plenitud que busca el alivio, como cualquiera de nosotros en una madrugada caminando hacia casa mientras pateamos un canto rodado sin saber adónde irá a parar. Mientras el narrador te canta la justa y te hace soñar, el poeta te masajea el alma. Todo se confabula para que podamos seguir, para que no bajemos los brazos, para trotar en noches interminables mirando a las estrellas hasta apoyarnos en una barandilla junto al río donde sus aguas golpean contra la barranca en un rumor casi silencioso.

Querido Viernes, a veces uno no lo sabe todo, aunque pasen los años, uno no lo sabe todo. A veces se encienden todas las luces del estudio y tu rostro queda al descubierto en esa doble búsqueda desobediente de aquel proverbio que te susurró el señor Kurosawa y que refería a que si persigues dos liebres lo más probable es que no alcances ninguna, pero si persigues una sola, tarde o temprano la atraparás. Escribe, escribe, escribe, y recuerda aquel sueño, de hace años cuando aquellas sustancias inapropiadas te hacían soñar, con ese tipo que se aparecía en tu camino y te decía: sentate y contame un cuento que me permita revivir mi vida. Y te perseguía hasta el despertar todas las noches indicándote un camino. Sentate y contame un cuento… Sentate y contame un cuento… A veces, querido Viernes, hay que ser valiente para tener energía, a veces, querido Viernes, hay que tener energía para ser valiente y narrar para toda la eternidad…

raúl

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